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El Músico (de la poética de Francesc Tagarí)

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El Músico (de la poética de Francesc Tagarí)

El Músico.

Es un ensayo filosófico centrado en la idea del método como camino. Ampliamente influenciado por la Figura de Francesc Tagarí, con él y a través de él Martín Sheego explora la dimensión real de hacer de la idea de método una categorización certera para hacer del conocimiento una experiencia  útil de vida para la vida en la vida.

En 1975 año en que Margaret Tatcher llegó al poder y la investigación con bombas nucleares seguía con su escalada de pruebas y muestras de su poder por parte de estados unidos, un año normal, una año con las últimas ejecuciones del franquismo que no quería irse sin dejar su recuerdo, una año normal que fue también el final de la guerra del Vietnam. Un año normal donde el festival de Eurovisión era un acontecimiento de suma importancia. De hecho como muchos deben saber nunca existe una año normal. Pero este año Tagarí, Martin Sheego y Acebuch se encontraron por primera vez, con la intención de iniciar un viaje hacia la exploración del Conocimiento. Tagarí tenía ya por aquel entonces 78 años, Sheego 38 y Acebuch 21. Acebuch fue el artífice del encuentro con la intención de explorar la relación que había entre el mundo denominado mágico-fantástico con la realidad matemática de la mente humana. Su hipótesis inicial era que quitando toda la superchería  y mezquindades humanas debería quedar una estructura real y definida de los procesos mágicos que conducen al ser humano hacia su exploración poética como herramienta de orientación en el camino de la vida; una orientación que debía venir directamente del fondo biológico genético del origen de la vida, del origen del nuestro planeta azul, del origen del universo y por lo tanto de nuestra auténtica esencia y destino.

Nadie ha visto hasta ahora el ensayo que os voy a mostrar dado que fue obra de Tagarí como último trabajo de su vida y como lamentablemente resultado olvidado tanto por mí como por Acebuch, que siendo el catalizador del proyecto acabó marginándolo ocupado como estaba en otros asuntos de su vida, que no vienen al caso, pero que le afectaron lo suficiente como para olvidarse de sus propios proyectos. Por mi parte he de decir en mi descargo (más bien para mi vergüenza) que ya en un principio no estaba demasiado convencido del objetivo del proyecto, pero Acebuch siempre ha sido un amigo muy estimado para mí y cuando a su edad, tan joven, se lanzó a semejante aventura, yo por cordialidad me sumé; al menos para dar el paso de presentarlos a ambos, Tagarí y Acebuch, por lo que en realidad tengo ahora el mérito de haber sido eslabón y por lo tanto medio de unión.

El caso es que después de 19 años Acebuh como saliendo de su letargo, de su amnesia, sacó a la luz el tema. No es esta una historia que nos enorgullezca ni a Acebuch ni a mí, pues no sólo la vida nos había distanciado de nuestros proyectos sino también de gentes que en algún momento hemos amado y de repente quedan relegados al olvido o nos vemos obligados a olvidar, cosa que no es del todo posible cuando el dolor del desgarro hace del todo imposible olvidar lo que estamos obligados a abandonar. Pero en fin, también esto es otra historia. Pero os he de pedir por unos instantes cambiar de tema pues de otra forma no podríais entender el relato que me dispongo a contaros.  En una visita que hice a Tagarí allá por el año de 1998 (dos años después de nuestro encuentro con Acebuch) conocimos a la hermana de  Tagarí, una mujer desgastada y cansada por la edad aunque con un humor inquebrantable como el de su hermano. Sé que Carmen, que estuvo en aquel viaje con migo, hizo amistad con Laura, luego supe que en realidad no era su hermana. Estaba diciendo que Carmen había hecho amistad con Laura, compañera de Tagarí, y que esta amistad había durado más allá de aquel encuentro, al menos en alguna ocasión más ambas habían mantenido contacto. Ya veis la facilidad que tengo de irme por las ramas, pero voy al grano, en serio. Gracias a esta amistad Carmen sabía que Laura poseía un manuscrito de Tagarí  referente al proyecto de Acebuch, Todos nos habíamos olvidado pero Tagarí, al margen ya de nuestros intereses y por propia iniciativa se había introducido profundamente en el ensayo que tendría por nombre las matemáticas y la poesía. No es un relato este de Tagarí ordenado en el sentido de una edición a la que estamos acostumbrados, es decir, lo que dejó por escrito aunque totalmente completo, está presentado en forma de trozos. Dicho de otra forma, aunque son trozos sin una conexión de discurso si son trozos con todos los datos necesarios para comprender. Lo hemos organizado y reducido lo posible hasta que ha cristalizado, en esto hemos seguido su voluntad.

Las matemáticas y la poesía. Por Francesc Tagarí.

Del Libro el modelo de la Poética.

(Nota:  Viernes 10 de mayo 1996. Aunque Martín es más consciente del objetivo que quiere encontrar Acebuch, es decir, a dónde quiere este llegar, le cuesta más el cómo que a Acebuch que sin embargo desconociendo la forma de darle explicación implícitamente lleva su pintura a espacios sin conocer el rumbo.)

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Acebuch me comenta desde su juventud que sueña con proyectar un cuadro que aún no existe, que no sabe cómo será, pero que está ahí. Su sueño es como el mío, me recuerda tanto a mis inicios que no puedo ser indiferente, pues yo también me hice esa misma pregunta. El día que desde mi ventana privada al universo me plantee el hecho de ser poeta y firmé mi compromiso con la vida, me pregunté acto seguido ¿Cómo habrá de ser mi poesía? Acebuch se hacía exactamente la misma pregunta aunque el buscaba un cuadro, una imagen, de cómo habrían de ser sus cuadros, qué imágenes saldrían de su algoritmo vital. Apasionado en esta idea me trajo a la mente desde el recuerdo lejano de espacios que ya estaban allí desde el principio de mis tiempos. Acebuch me indaga sobre el orden inexorable del pensamiento matemático, su lógica y su intuición; de que hay tras esos argumentos irreprochables de los grandes, desde Euler hasta Grothendieck. Desde luego que esto que les presento es una historia desde el plano de la poesía más que desde la ciencia, pero sólo será trivial para aquellos que crean que la poesía es algo insustancial dentro del plano del espectáculo ilusorio. Desde luego que la poesía no tiene nada que ver con ese espectáculo de las ilusiones del circo, ni la magia con esa habilidad de ilusionistas que tiene que ver más con la velocidad que con otra cosa. Yo no soy matemático pero el reto de inventar uno para llegar a explorar su mundo me sobrecogió y me cautivó.

Acebuch ha dado en el clavo, acude a mí porque ingenuamente cree que yo le ayudaré a desentrañar la respuesta a su interrogante. Acebuch sabe de mi principio de inversión, el método inverso y acude a mí porque él sabe de este método. Ahora creo que ya se ha olvidado pero no importa (los jóvenes se pueden olvidar fácilmente de sus mayores objetivos, las hormonas y la complejidad selvática de la existencia nos lleva a todos a eso; no hay otra). Pero yo he de seguir, pues a mí sí me importa a mis 78 años entrando en la puerta final. Abrí la puerta del método inverso hace muchos años cuando yo también era un niño, cuando poesía el poder de ver y mirar al universo con todas mis capacidades completas interactuando unas con otras en toda su potencia. Ahora es hora de que cierre el ciclo.

Sobre el método inverso:

Ya lo he explicado antes, una vez decidí ser poeta y para serlo tenía que emprender el gran viaje del conocimiento sobre qué es ser un poeta, sobre qué es ser lo que uno quiera ser, no voy a explicar aquí mi aventura de poeta, prefiero que se lea mi poesía aunque sea mala según los cánones de los puros académicos. Permítanme que les ponga un ejemplo, ¿cómo querer ser un matemático?:

– Guión: Empezar usando el orden numérico, aunque no toda la matemática es número, sí que la matemática sin número no sería lo mismo. Así pues: 1. Conocer que es la matemática. 2. Que elementos fundamentales la componen. 3. Que tienen en común con el pensamiento poético mágico.

En esto estriba el método inverso, en creer en lo que se puede ser más que en creer en lo que se supone que uno es.  En serio, nada tiene que ver el querer ser con ser un genio. De lo que se trata es en saber reconocer el camino. Isaac Asimov decía que él estaba enamorado de las matemáticas pero que estas no lo estaban de él. ¿Comprenden lo que trato de decir? La historia universal de nuestros hechos nos dice que sólo aquellos que han dado con maravillas que han cambiado el destino de la humanidad son especiales. Pero no creo que ni el mismísimo Asimov creyera que él fuera un pobre matemático. En realidad para ser exactos  el método inverso sólo lo es para los que creen que se tiene que nacer con una ruta incorporada. Pena.

No hay nada más sagrado para un matemático que el camino de la inversión para mostrar que aquello que tiene entidad lo es porque tiene un camino de retorno sobre sí mismo. Defino como punto de salida que la matemática es  una intuición perceptiva. Pero también he de decir que el trato que se está dando a la matemática en la actualidad esconde y desvía su verdadera esencia. Convirtiéndola en un amasijo de fórmulas y pasos a seguir que un ordenador sabe hacer mejor que nosotros y no digamos nada respecto a los planes de educación para las generaciones presentes y futuras que acaban odiando algo que por naturaleza tendríamos que apreciar como el aire que respiramos.

  1. CONOCER QUÉ ES LA MATEMÁTICA.

La matemática es la forma en la que establecemos una estructura coherente de definición de un campo ordenado coherente con unas reglas que satisfagan su veracidad y sirvan de imagen para comparar, contrastar, sobreponer, revelar o modificar un aspecto del universo. El primer acto creador es inventar un universo. En la matemática este universo quiere ser certero con su imagen. Lo que la define dentro de la gran categoría cognitiva humana en un arte. Todo arte tiene que disponer de unos signos identificativos fundamentales que son su semilla, su genética. Mi problema fundamental con las matemáticas en la escuela era el hecho de que aun entendiendo los pasos y sus propósitos mi capacidad mental no estaba preparada para memorizar y comprender las reglas de un juego. Nunca se me han dado bien los juegos donde hay que memorizar demasiadas reglas. Sin embargo cuando he necesitado resolver algún problema siempre he dado con un camino que me hacía recordar algunos de los pasos aprendidos. Si el problema es real para mi propia experiencia puedo ponerme en marcha. Pero cuando se me plantea un problema como ejemplo para aprender unas reglas de protocolo entonces me pierdo rápidamente. No puedo aplicar la lógica de los problemas de otros a mis propios problemas. Lo que sí puedo es reconocer la lógica mostrada por otros cuando la tengo delante de mi propio problema. Esta es mi base fundamental y forma parte de lo que llamo como método inverso, es decir reconocer el problema cuando lo tengo delante y no prever que estará allí necesariamente. Con lo que partiendo a la búsqueda de algo no espero su forma si no los indicios de lo que puedo encontrar, errando y modificando hasta dar con la solución. El método inverso empieza con la acción.

No es casual que haya empezado con un guión de tres puntos. Siempre me he encontrado cómodo con el número tres y quien quiera ver en ello significados metafísicos y cabalísticos o de otra envergadura está en su derecho pero no voy a justificarlo con ningún argumento más que es un número que me facilita las cosas. Entre las cosas que se han ido quedando en mi mochila vital que arrastro desde mi niñez tengo un reloj de mesita analógico con agujas y números dibujados, una lupa redonda de cristal que hubiera sido la envidia de Arquímedes. El reloj es de pilas esto también hubiera sido la envidia de Arquímedes y tiene un segundero que corre en movimiento constante y no fraccionado como los viejos relojes que hacían clic-clic-clic, este se mueve en movimiento constante lo que hubiera maravillado a Zenón y su paradoja con la tortuga. ¿Cuánto tarda la aguja del reloj recorrer una vuelta entera? ¿Cuántos centímetros recorre la aguja en dar una vuelta completa? ¿Cuál es el tamaño de la aguja? ¿En cuántas partes está dividido el perímetro de la circunferencia que compone al reloj? Hay dentro de este reloj y dentro de la lupa redonda un universo de preguntas. La dimensión esférica es una constante de la naturaleza y por naturaleza entiendo el universo entero, físico y químico. La lógica que yo entiendo es la que las fuerzas que mantienen atrapadas a las partículas de los cuerpos se rigen por fuerzas que son atraídas hacia un centro, tal y como la física moderna lo describe. Luego la fuerza de atracción y repulsión mantiene a los cuerpos en órbitas circulares elípticas en patrones dimensionales universales que nos permite adoptar sistemas de medición y comparación. El otro objeto que traigo desde hace muchos años es una guitarra. Sus cuerdas vibran cuando las pulso emitiendo ondas. Ondas que siguen un vector direccional con una fuerza y una intensidad medibles. El pensamiento como forma de onda también tiene sus vectores direccionales y sus resonancias. Creo que cuando alguien encuentra una fórmula matemática que define el comportamiento de una zona cognitiva es que esta persona ha encontrado una onda en la misma frecuencia que el problema que intentaba resolver.

  1. QUÉ ELEMENTOS FUNDAMENTALES LA COMPONEN.

¿Cuantos elementos componen la matemática? ¿Cuántos campos hay en la lupa de cristal?

La lógica, la congruencia, la cantidad, la forma, la escala y la proporción son los campos que soy capaz de definir como comprensibles por mi propia capacidad de verosimilitud. La lógica y la congruencia están dentro del llamado análisis, la cantidad está dentro de la llamada aritmética y las otras tres son para la geometría. ¿Hay geometría en la esfera de mi reloj?

Análisis, aritmética y geometría forma lo que es el cuerpo contemporáneo de la matemática moderna. En la combinación realmente enorme de lo que se ha dado en llamar la geometría algebraica un edificio descomunal donde sólo unos pocos navegan. Siendo la base de los ordenadores estos son capaces de establecer teóricamente todos los parámetros que se le introduzcan y dar datos para conjeturar.

¿Pero hay algo más? ¿La matemática tiene que ser sólo ese esqueleto metálico?

En mi reloj que da vueltas y que por tanto tiene movimiento se establece una maravilla, una chispa que hace saltar la atención de millones de neuronas. Es un ser casi con entidad, con vida. Un ser que no tiene más cuerpo que los muchos grafismos con los que se puede construir. V = E/T *. En mi reloj hay una aguja que corre a una velocidad determinada un espacio determinado en un tiempo determinado. Esto está sucediendo como fenómeno por todo el universo. Es como un ser primitivo, ancestral, que tiene su origen en el fondo de la memoria del universo. Es un ser con un cuerpo que puede ser desmembrado, funcionan conjuntamente, son en su conjunto. La velocidad, es decir el movimiento puede que sea el ser más primitivo que existe. M=E/T El espacio es la distancia, la separación que hay entre las cosas que podemos denominar como cosas. La distancia es la creadora de las magnitudes y de las proporciones, la medida. Y el tiempo es la reiteración una y otra vez del mismo suceso, la circularidad de los acontecimientos, el medidor de patrones que suceden proporcionalmente.

La matemática, su función es describir que algo dividido entre algo es igual a algo estableciendo la idea fundamental de función. Cuando algo está en función de algo, depende de esos “algos” se establece un cuerpo indisoluble.

El movimiento tiene ser porque existe y es susceptible de cambio. Nosotros tenemos ser porque poseemos movimiento.

*Ahora su representación está cifrada así:

https://es.wikipedia.org/wiki/Velocidad

La idea de función es un Pegaso con el que transportarse hacia la perspectiva de la mirada.

Hoy en día: Función de algo mutable es igual a esa cosa mutable dividida entre una dimensión mesurable. Lo que se describe es una interrelación de cosas con cosas que están ligadas, enlazadas. Las matemáticas lo cristaliza, pero es en el fondo el ser de muchas cosas.  Lo que quiero es decir que construir un símbolo como el Pegaso y una fórmula para describir una función son lo mismo.

  1. LAS MATEMÁTICAS Y LA MAGIA.

Soy consciente del escepticismo que puede generar la palabra magia en cualquier texto y más en uno de matemáticas. Pero al menos he de dar una definición. Por magia entiendo y sintetizo la idea precisa y única de transmutación. De cambio constante y capacidad de predicción. Dentro de lo mágico también incluyo la descripción de un universo invisible repleto de espíritus en movimiento e interactuando con nosotros segundo a segundo. Un mundo paralelo que empieza desde el interior de nuestra conciencia necesitada de símbolos para darles apariencia. Un universo repleto de seres dentro y fuera de nuestra conciencia.

MOVIMIENTO = ESPACIO DIVIDIDO ENTRE EL TIEMPO à SER

FUNCIÓN DE ALGO = A ESE ALGO MUTABLE DIVIDIDO POR OTRO ALGO CONSTANTE O NO.

Cuando se introduce la palabra magia en el texto de un discurso se introduce necesariamente la idea de animación, animismo, también se podría hablar de movimientismo, pero a estas alturas parecería ridículo. Claro que esta definición estará en contra de todo aquel que no crea algo como el movimiento no tiene ser, pero puedo defender mi idea diciendo que yo tengo un alma proteica, creadora de universos y que me interesa más describir un universo animado que uno frío y fracturado.

 

Habilidades

Publicado el

2 febrero, 2016

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