Cuando decidí coger el camino del arte tenía 17 años y más de una vez me he preguntado el por qué. He sacado varias razones para no haberlo dejado antes, porque de haber tomado otras opciones hace tiempo que hubiera abandonado. La vía de los premios y la divulgación por medio de las galerías nunca me ha sido una manera útil de actuar (ha habido excepciones por supuesto), pero en general me han sido más obstáculo que ayuda. El primer obstáculo con el que me he encontrado a menudo ha sido el del concepto de arte. Porque muchos galeristas tienen niveles de especialización tan alto que cuando te dedicas a pintar sin tener en cuenta mercados potenciales, sino solo pintar, no conciben ni entienden probablemente lo que uno está proponiendo (tampoco tienen ninguna obligación). Sencillamente  una cosa es el negocio de la pintura y otra el camino de la transformación y construcción de la personalidad a través del arte. Quien confunda esto tiene problemas, me atrevería a decir. El arte se puede separar en dos grandes grupos, el del consumo y el de producción. Una de las razones por las que empecé a pintar fue la de que como no podía adquirir las obras que admiraba (con 17 años casi no puedes adquirir de nada por tus propios medios) decidí hacérmelas yo.
Una búsqueda del arte empieza por definir la elección de una tendencia estética y esto con 17 años está más allá de Orión. La estética a elegir es desde ese momento una toma de posturas. Otro aspecto de la búsqueda es el de la adquisición de habilidades, sean del tipo que sea, ya que no se puede emprender la construcción de un trabajo sin conocer el arte del arte que estás llevando a cabo hasta acabar creyéndotelo, porque hay que creérselo.
El camino que se propone aquí es el de saber lo que uno no quiere,  por que saber lo que uno quiere muchas veces está limitado sencillamente a conocer unas pocas cosas o bien quedarte en la fórmula de “con un seis y un cuatro aquí tienes tu retrato”. Uno puede diseñar estéticas con un objetivo concreto o bien entrar en el juego de la búsqueda de estéticas que aún no se conocen. No me refiero a inventar  cosas nuevas sino a descubrir lo que uno se va encontrando en la búsqueda, que como en la vida nunca se sabe bien. Esta actitud activa permite hacer que una construcción se haga para que revierta en el propio conocimiento. En cuanto vida y búsqueda se funden aparece una poética.
Las claves de un método poético se fundamentan en el choque de  un yo frente al entorno que le rodea. Un  yo que se hace preguntas y decide luego transcribirlas a un lenguaje que puede ser vivencial (como experiencia privada) o compartido (los dos suelen ir juntos). Compartir es sencillamente ofrecerle a otro lo que te encuentras y por donde andas, solo por el disfrute de intercambiar. El artista es alguien que se muestra,  esa es la diferencia y no es necesario mostrar grandes cosas. Cuando se entra en estos derroteros se entra en un bucle de crecimiento, por lo que si se es capaz de mostrar  lo que uno va integrando, asimilando, aceptando y rechazando dentro del viaje  se  dan muestras de hacer que la poética se vea como  algo útil por sí misma. Al final no es el cuadro (refiriéndonos a la pintura) lo que más cuenta (aunque es el cuadro también quien habla por nosotros) sino el mostrar que detrás hay un espíritu vivo que busca un lugar donde instalarse. Una estética es un lugar donde instalarnos y tendríamos que elegir nuestra estética de la misma forma en la que elegimos el lugar donde vivimos o las cosas que comemos, por desgracia muchas veces uno no puede elegir, pero eso es otro tema.
Como todo proceso vital, la poética nos sitúa inicialmente en un terreno ambiguo e indefinido, a veces hostil. Es lo mismo que cuando uno llega a una gran ciudad por primera vez (o a una tierra nueva), ¡imagina que  te dejan ahí dentro de repente! Poco a poco vas atrapando relaciones que te ayudan a construir patrones que sirven para orientarte y hacer, con el tiempo, más eficaz tus movimientos. Cuando vas de viaje programado es otra cosa, no es lo mismo viajar que hacer turismo. Probablemente antes habrás estudiado un mapa que ayude a guiarte, pero una vez allí lo primero que uno puede entrever son las cantidades de capas superpuestas que hay en un entorno y ya sabemos que no se pueden asumir todas de una sola vez. Pero sí podríamos acordar que nunca nada es lo que parece a simple vista. Así que cometeremos casi con toda probabilidad más de un error de cálculo.
El error no es tal error, al menos que se entienda que un error siempre es algo fatal (lo es en algunos casos dramáticos), el error es un mecanismo de regulación para establecer el diagnóstico de una situación, así que sed prudentes. En la próxima entrega hablaremos del error dentro del proceso creativo y como la poética se empieza a parecer a una ciencia.

(Tratado de estética para la revista "Revistaconectarte" )

Acebuch.

Una defición de poética eficaz.

 

Tierra de Gigantes. (Radio Zurich)