| Tratado de estética en el arte de hacer cuadros. | |||||||
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Pintura, dibujo o grabado ejecutado sobre papel, tela etc., generalmente colocado en un marco, que se pone como adorno en las paredes. Diccionario de uso del español María Moliner. |
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Nosotros, los que pintamos cuadros, seguimos haciendo pinturas, dibujos o grabados que decoran paredes. Un cuadro es cuadrado por razones evolutivas, aunque algunos se han hecho redondos u ovales. Pero la esencia es la dimensión vertical y horizontal que tienen las paredes. Cuando los primeros grandes constructores de edificios subian sus paredes, empezaron a utilizar los módulos más simples que permitieran colocar ladrillos de piedra o barro uno encima del otro para cerrar espacios, y cuando se pintaban sus paredes las narraciones que se describieron estaban enmarcadas en el formato que aún hoy persiste como eco en los televisores y en las pantallas de cine. Todas la leyes de la representación se inician a partir de este supuesto que implica, al margen de las representaciones en las pinturas rupestres, la introducción de nuevas dimensiones de abstracción que nacen a partir de una necesidad básica en la construcción de edificios. En las pinturas rupestres las narraciones se adaptan a la forma, relieve y textura de soportes naturales como cuevas o rocas y ahí su dimensión es tan abierta como lo pueden ser los espacios de caza y transhumancia. El neolítico con la invención de la agricultura trae dimensiones que cambian el comportamiento y el paisaje humano, controlando a la naturaleza, el paisaje humano se transforma y así se transforma también la visión del mundo. Hacer bloques de piedra para construir palacios y castillos introduce junto con la distribución agraría la geometría. Sería excesivo plantear aquí cada aspecto de la evolución de la arquitectura y la ingenieria agrícola, pero nos podríamos quedar con el aspecto de que la matemática geométrica deriva de esos pilares básicos del desarroyo humano. La geometría antigua es una geometría práctica, consecuencia de la necesidad de utilizar materias primas de construcción y es por eso que ha cambiado hoy en día tanto el principio de construcción moderno, producto de los nuevos materiales y los cambios introducidos en las matemáticas de un mundo sin límites. Los arquitectos pueden transformar el universo del entorno utilizando materiales de una plasticidad y resistencia sin precedentes, pero eso a su vez cambia las dimensiones del mundo y su percepción. Vivir en un entorno nos hace vulnerables a su escala y esta nos dimensiona hasta el extremo de hacernos superiores, inferiores o equilibradamente iguales. Bien ya ha salido un primer concepto, la escala. Como la escala, hay otros aspectos derivados de la percepción del universo, y por lo tanto de la expresión. Expresamos lo que somos y lo que nos gustaría ser, pero lo hacemos con las herramientas que nos han dado. Es dificil que nadie se escape. Muy pocas civilizaciones han conseguido igualar la dimensión humana con la dimensión del universo, entre otras cosas por que el ser humano siempre se ha creido más cercano a los dioses que su imagen patética de seres vulnerables azotados por su complejo de mediocridad. La mediocridad es un complejo derivado del exceso de disponer de poder, de ser alguien importante. ¿Y que tiene que ver todo esto con la pintura?. La pintura ha estado siempre al lado de la arquitectura, es más, es un complemento de ésta. La pintura se ha adaptado siempre al modelo propuesto como acorde de una sinfonía. En cierta forma en la pintura se concentra la exquisitez poética de la dimensión que propone la arquitectura. Las diferencias entre una catedral gótica y una mezquita pueden darnos idea del alcance de esta dimensión perceptiva. O bien mirado, solo tenemos que observar la dimensión de las supuestas diferenciaciones de culturas del siglo XXI, donde la concepción de la ciudad ya es globalizadora y nace en un contexto muy concreto de la grandeza expansiva y devoradora de la mirada sin límetes de la cultura occidental. Y acaba de salir otro pájaro. La idea de límite. Si creemos no tener límites es que andamos más limitados de lo que contrariamente nos creemos. Lo podemos ver por todos lados. Poner límites no es coaccionar cruelmente a nadie, poner límites es saber decir que no, cuando se sabe que no se puede abarcar más. Creernos que somos capaces de alcanzar las cotas más altas sin tener claro qué son esas cotas tan altas y sin considerar que evolucionar y progresar no es necesariamente crecer, crecer y crecer desmesuradamente, sin límites, es no tener claro muchas cosas, si no nos los ponemos nosotros mismos... Si no para que creemos que sirbe la ciencia de la guerra. La idea de escala y límite se asocian de tal forma que son inseparables y son éstas las que nos dan la medida exacta de nuestra percepción. A menudo no tenemos en cuenta estos principios en nuestros cuadros aunque cuando pintamos estamos expresando nuestra dimensión queramos o no. Pintamos cuadros abstractos, figurativos, simbólicos, etc. Pero no pintamos buscando "el alma mater" de la dimensión universal de nuestras propuestas. Por que un cuadro es siempre la expresión de una época o el deseo de que una época sea posible, en el sentido de que una época es lo que nosotros queremos que sea. Nos han educado a pensar que una época es lo que vivímos, como si las épocas, momentos, modas, fueran algo que nacen como los champiñones, exporadicamente. Ser concientes de nuestra escala-límite y ponerlos de manifiesto sería algo saludable para el mundo de los cuadros. Podemos empezar por ser conscientemente pequeños, mesurados o desmedidos, pero estaría bien poner de manifiesto qué andamos exponiendo. Realidad y ficción tal vez no sean cosas tan distintas. Llama la atención el hecho de que la escala no depende del tamaño solamente, si no de la relación que hay entre tamaño y límite. Para botón de muestra vease un sello donde haya representado un espacio. No olvidemos que debería maravillarnos el hecho de que sigue siendo un trocito de papel, cuadrado.
Acebuch. |
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