Recuerdos R. Daneel Olivaw.
...mirábamos todos al mismo sitio, caminábamos como siempre hacia la misma dirección. Ya habían elegido por la humanidad hacia mucho tiempo y la tierra estaba servida para una nueva misión. Una realidad cambiaba a otra en el teatro de las danzas de las ruedas de fuego. Ruedas dentro de ruedas como querubines danzando el cántico de la muerte y la resurrección. La Tierra se habia hecho tan pequeña que sobraban humanos y faltaban sistemas. Las naciones creían haber encontrado el secreto de la inmortalidad para tapar su decrepitud por que a los Gigantes como a los hombres no les gusta morir, querían sobrevivir quirurgicamente hasta el final, transplante tras trasplante, crimen tras crimen. El mismo cuerpo como un "Corpus Christi" fué una y otra vez puesto en escena, eternamente joven, eternamente viejo. Una voluntad superior, se decian, nos ha guiado, un Dios sin límites que cada vez estaba más pequeño les susurraba al oido que la corrupción de estos tiempos había llegado a su límite. Y se digeron a ellos mismos: cambiemos la sangre de nuestros sistemas con la sangre de los que no han sido llamados, por que vemos que la Tierra no es ilimitada sino que tiene límites y no todos podemos estar aquí. Y se dijeron que si ellos mismos no lo hacían la Diosa que come carne de todas las especies lo haría de todas formas. Así sucedió que los líderes de las grandes naciones decidieron cambiar de rumbo, renovar sus arcas, sacudir el sueño que habían prometido a sus gigantes, obligarles a servirlos sin conciencia, sin mirada, grabando en sus mentes leyes inmutables que obedecen desde entoces los gigantes encadenados. Y fué así que nacieron los robots y el sueño del hombre de domesticar a los Gigantes se hizo realidad.