A lo largo de los pequeños textos que hemos estado desgranando durante el tiempo de aparición de RevistaConectarte , hemos estado insistiendo tozudamente en la idea de que más allá de los clichés estereotipados de la acción creativa lo que llamamos creatividad poco tiene que ver con preparar un producto interesante para ser vendido. La creatividad es una herramienta fundamental de la adaptación y el arte solo pone de manifiesto que la creatividad se desarrolla practicándola. Para poner un ejemplo diríamos que el verdadero poeta plástico es un explorador que como tal no tiene por que exponer sus miradas a nadie, le tendría que bastar el hecho de haber recorrido su propio viaje con sus propios medios. Por lo tanto aventuramos una conjetura que puede llegar a ser muy fructífera, que la calidad de un trabajo está en función de la sincronía entre la vivencia y la claridad de su manifestación, la limpieza con que indicamos el camino para que otros puedan ver el recorrido. Lo que merece la pena es organizar bien cuál es el recorrido iniciático que lleva al arte a tener la significación y culto que aún se le sigue practicando. Definamos lo que vale la pena mostrar. ¿Cómo funciona la creatividad? ¿Cuál es el principio creativo de la creatividad?
De hecho es muy fácil reconocerlo cuando se nos sitúa o bien nos situamos en procesos límite y sin vuelta atrás y tenemos que responder ante nuestra propia supervivencia. Primero caos, luego relevancia y aparición de ciertos patrones sincrónicos que se revelan de forma natural, luego el juego con estos patrones y finalmente la armadura para construir un canal que permita compartir el movimiento vivido y vívido. Así el arte puede llegar a tener un significado absolutamente distinto del que estamos acostumbrados, es decir el objeto de arte no es tan solo un producto acabado con derechos de autor. Es la puerta por la que el espectador puede alcanzar la ruta que le lleve a los lugares de cruce, a los lugares donde pasan cosas en el mundo etéreo de la conciencia. Pondré un ejemplo: existen lugares de conciencia donde la materia de construcción abstracta se sitúa en la frontera de la proyección de nuestro conocimiento del mundo. Cuando alguien se sitúa en ese punto experimenta el movimiento que se produce al pasar de lo inconcreto a lo concreto, un movimiento natural de la mente que deposita sus miradas en la materia amorfa para revelar o desvelar. Luego una vez mostrado el lugar e incluso el camino, el que fue espectador puede, si lo desea, intentar hacer el mismo el viaje.
Obsérvese la imagen con la que acompañamos este artículo, está en ese punto donde es mancha aún, pero ya revela un recuerdo de paisaje. Magia que se puede invertir y llevarnos a observar cómo el significado nace de la materia indiferenciada por el arte de la proyección. Lo interesante de esto es que no es un invento de ningún genio, forma parte de la naturaleza humana.
Estamos ante la puerta de un arte universal que une conciencia con conocimiento y puede que ya haya pasado esa fiebre del genio del yo romántico, puede que el mundo esté empezando a cambiar porque la conciencia está cambiando hacia lo que somos como unidad y cómo nos ajustamos dentro de esa unidad más allá de la pura máscara de lo mercantil.
Música o arte de las musas.
Acebuch. 2010

Los paisajes del otro mundo.