Hasta la llegada de los medios de producción masivos las cosas funcionaban de otra forma. No solo las cosas sino la forma de entender cómo hacerlas. Aunque hoy en día ya no podamos reivindicar que las sociedades se relacionen económicamente con sistemas de producción basados en la producción artesanal,  la cultura del consumo industrial nos ha hecho olvidar algo tan fundamental como es el comportamiento tácito. Antes de definir qué es el comportamiento tácito cabe decir que la revolución liberal romántica del siglo XIX nos dejó una herencia nefasta, destruyó el sistema de gremios de artesanos con el único fin de acceder a la especulación de sistemas de producción que atrapaban a muchos y enriquecían a unos pocos, como ahora.
¿Qué es el comportamiento tácito?
Cuando aprendemos a conducir al principio nos hacemos un lío tremendo con todos los mandos que hemos de controlar, el volante que gira hacia un lado y otro, el intermitente, el acelerador, el embrague, en fin que  cuatro cosas parecen conspirar todas contra nosotros. A base de ir practicando llega un momento en que ya ni pensamos y cuando nos metemos en un coche podemos ir de un lado para otro sin preocuparnos, y si nos conocemos el camino de memoria es como si pusiéramos el piloto automático. De esa forma podemos conducir pensando en otras cosas e incluso olvidarnos de que estamos conduciendo con el riesgo que eso supone. Con un piano pasa lo mismo y también con una pintura, es decir cualquier habilidad se desarrolla a partir de la repetición constante hasta que adquirimos un hábito que nos permite hacer otras cosas en paralelo.
Con la llegada de la industrialización parecía que todo estaba sujeto a desprenderse de esa carga tan pesada de tener que aprender. Aprender significa producir acciones y repetirlas hasta encontrar el camino, vía errores (inevitablemente), para luego integrar ese conocimiento en la voluntad del conductor del vehículo que es nuestra mente creativa. Como se puede comprender, esto para el arte es fundamental. Cuando alguien toca un piano y consigue que nadie  se percate de la dificultad que tiene dominar las manos de esa forma sobre las teclas nos está mostrando su calidad.
En las artes plásticas pasa exactamente lo mismo. Una pintura muestra su calidad cuando la enorme complejidad que emana de emociones y sensaciones vienen de la apariencia de un trabajo hecho con facilidad. Por eso no hay que confundir un gesto torpe hecho rápidamente para dar la sensación de frescura, con el gesto pausado, meditado y sereno de un gesto hábil.
Porque lo que proporciona el comportamiento tácito es habilidad y no simulacro. Así de esta forma pintar se debería transformar en un constante ejercicio previo antes de presentar nuestro trabajo. Aunque los ejercicios hechos en el estudio puedan tener su valor anecdótico podríamos tener un poco más de cuidado y no vender ejercicios como obras acabadas, de esa forma también enseñaríamos al espectador a comprender mejor lo que está mirando. Y no deberíamos tener mucho reparo en tirar algunas cosas, no todo lo que hacemos es tan importante.
Es una característica del pensamiento la de agrupar experiencias, la de hacer paquetes de experiencias para conseguir que con un solo paquete se puedan desplegar otras capacidades de forma automática. El símbolo actúa de la misma forma porque un símbolo es un signo que contiene la capacidad de desplegar niveles de relaciones con los recuerdos tácitos, es automático y puede que una de las habilidades del artista esté en descubrir los caminos que nos llevan a esas claves tácitas y que además sean universales, moviéndose con desenvoltura por esos universos.

Acebuch. 2010

 

Elena Bartomeu Magaña

Los comportamientos tácitos en la plástica