La metáfora del terror II.
Aunque la dimensión que nos ha llegado de las religiones en nuestra acomodada vida social y civilizada occidental nos transmite una idea de salvación y de bondad, en su origen nació como un sentimiento ancestral que devino con el desarrollo de la mente humana única, extraña y maravillosamente infantil. Todos los miedos y mezquindades que la especie humana presiente para si los proyectó de igual a igual en la naturaleza, de tal forma que su complejo de culpa ante el crimen lo creyó también como percepción de las plantas y animales. Así cuando había que cazar para sobrevivir se creía que los espíritus de los animales se vengarían tarde o temprano, la "Lex Talionis" (ojo por ojo) se entendia como algo natural. De ahí se adora al animal o planta como un dios al que hay que reverenciar por que se comete con el un asesinato. Pero ya que tiene que morir y habida cuenta que el hambre, las enfermedades, las venganzas de otras humanos y toda clase de calamidades rodean la vida, se le pide al pobre desgraciado, que le ha tocado el priviliegio de ser mimado de forma especial como forma de consuelo y conjuro para desviar su atención ante la tropelía a la que va a ser sometido, que de paso se lleve todas las culpas y demonios que pueblan el ambiente como seres habituales que conviven en el mismo plano de realidad. De esta forma nació el desarrollo del enviado sagrado que es devuelto al mundo de los espíritus para redimir los pecados. La culpa del miedo a la venganza que es tan connatural en nosotros trazó un puente hacia el ocultamiento haciendo creer al alma sacrificada que no hemos sido nosotros los que hicimos tal acto, sino los otros. Como Pilatos no deseamos que recaiga sobre nosotros la culpa. ¿Aprenderemos alguna vez que mejor que ser perdonados es perdonar? Los animales matan para comer sin tantas florituras. Al fin y al cabo si todas las almas van y vienen de este mundo al otro, nuestra propia muerte natural debería ser sufiente para enviar nuestras culpas al infierno. Pero no es así como funcionan las cosas. Seguimos creyendo que todo lo que nos pasa es una venganza de los que nos odian, sin caer en la cuenta que lo que nos pasa es por nuestra falta de límites y nuestra tendencia a cultivar la mentira para engañar al chivo expiatorio.
Acebuch. Febrero 2010.
