El Tríptico del Heno.

En la esquina inferior izquierda, según se mira, del panel central del Tríptico del Heno hay tres personajes brillantemente incluidos en la escena. Un hombre con sombrero de copa y un bastón en su mano lleva un niño pequeño a sus espaldas y enseña a una niña la verdad, el mundo tal cual es. No cabe describirlo ya que que la pintura habla por si misma. El ajetreo de un mundo dedicado a la obsesión de las posesiones, cada cual en el grupo que le corresponde, el grupo que ha podido conquistar. Crimen, extorsión, fausto, autocomplacencia, miseria, esquizofrenia, obsesiones, estupidez, asalto. Solo esa pequeña islita de sabiduria apartada del resto evoca un poco de piedad. Poseer obsesionadamente y obsesionarse en la posesión. Y aún así todos forman un grupo unitario, ya que fuera de él no hay nada.

Bueno si: .

A la izquierda el paraiso perdido que es en realidad lo que nunca aún hemos conocido, al otro lado, el de la derecha, el infierno de la destrucción y la construcción permanente, la condena que nos espera, que es en realidad lo que ya conocemos.

El Ingenio que el gigante del cristianismo inventó fué una inversión de los hechos. Se atemoriza con el horror que ya existe, para prometer recuperar algo que nunca ha aparecido aún sobre la experiencia de la naturaleza. El paraiso debería ser lo que debemos alcanzar y no recuperar. Solo así, tal vez el mensaje cristiano adquiriría algo de lógica.

Luego, cada cual saque sus propias conclusiones.

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Acebuch. 2009.