El alma de la ciudad y el arte.

¿Que es la ciudad?

Estamos tan familiarizados con el cuerpo del que formamos parte que apenas si lo sentimos. Estamos tan acostumbrados a nuestro propio cuerpo que a menudo no creemos que él es el que nos guía en todo lo que pensamos y vivimos. Cuerpo y alma son sentidos como aspectos diferenciados de nuestra existencia. Son valorados dentro del sistema humano de creencias donde lo físico y lo etéreo se sobreponen a menudo de una forma que no siempre logramos entender. En realidad la separación estriba en ese mundo de las emociones. Amamos, odiamos, envidiamos, codiciamos, anhelamos, sentimos nostalgia, sentimos triunfos y derrotas. Tal vez podamos algún día entender que el alma no es más que un cuerpo que quiere vivir, un yo que emerge de la voluntat genética de sobrevivir.

Es nuestro origen mamífero lo que nos impele a la asociación, no desde la forma política sino antes que nada por el impulso de nuestra biología. El ser humano no puede sentirse social por que lo dicten las leyes y los partidos políticos, sino por que es un ser social, aunque odie a los del pueblo de al lado. Podrían desaparecer los sistemas sociales actuales e inventaríamos nuevas formas de relación. Podríamos perder nuestra estructura económica e inventaríamos otras. Los políticos al fin y al cabo no son tan importantes.

La ciudad es un sistema de asociación nacido en la fase neolítica de nuestra evolución y desde entonces la estructura de poder se ha fundamentado en el dominio y control de clases sociales que ajustan su función en la relación existente entre producción y la energía que se necesita para realizarla. Puede que no haya mucho más que eso como motor de construcción y progreso.

Los pueblos más básicos fundados en una economía de caza y recolección siguen (aún quedan algunos) el mismo esquema. Alimentar, dar alimento para llevar a la comunidad hacia adelante. La esclavitud fue el principio inventado-creado por las civilizaciones divinas (Gigantes-Dioses) para abastecer a la comunidad dominante; de eso no cabe duda ya que nosotros somos así, somos testigos privilegiados.

La ciudad pues tiene un cuerpo (Corpus) que es comparable al cuerpo humano. Existen muchos ejemplos que lo demuestran tanto desde la antigüedad como desde la contemporaneidad. Un ejemplo directo de nuestra antigüedad occidental es la máxima cristiana de que si una parte de tu cuerpo amenaza con destruir al resto ¡córtalo!. Este es el sistema que prevaleció en la edad media donde las manzanas podridas tenían que ser apartadas para que no infectara a las demás. Hoy en día parece que se ha atenuado bastante en nuestro entorno, no es así en otros lugares del planeta.

Aunque no es momento para hacer una demostración al respecto, la metáfora de la ciudad como cuerpo no nos es para nada extraña. Sus funciones convergen directamente en un paralelismo que va más allá de las meras casualidades. Si la ciudad está compuesta de individuos, la ciudad tendrá el mismo comportamiento como lo tienen las células musculares al músculo y las neuronas al cerebro. Es mucho más complejo, es cierto, y una neurona no es un cerebro, pero es dificil no ver en la ciudad los mismos rasgos que en un cuerpo. La ciudad despierta, duerme, prioriza, come, excreta, trabaja y sueña, en un sistema perfectamente regulado que corre hacia su futuro con las mismas incertidumbres y certezas. Pero mientras nosotros dejamos esta vida, la mayoría discretamente, la ciudad prevalece con una fuerza de eternidad típica de la psicología humana, o puede que sea al revés, que nosotros tengamos nuestro anhelo de eternidad como reflejo de la ciudad, quién sabe.

La palabra Arte con mayúsculas no hace distinción entre técnica y observación, y con minúsculas tampoco. Debería considerarse que para hacer una idea artística también se necesita técnica, excepto para los artistas de las vanguardias de la post segunda guerra mundial que definieron la extravagante idea de que con la idea era más que suficiente, sin plantearse que un ready-made lo tuvo que hacer alguien. Que el artista renuncie a construir su propia idea no significa más que eso, que ha renunciado al sacrificio de la elaboración material de un objeto. Por lo demás todo queda como está y más bien algunos se pierden cosas, aunque todos somos libres de elegir como obtenemos nuestros objetivos.

Si el arte es la forma de soñar y la ciudad sueña, la ciudad necesita tener una estructura de arte soñado que la alimente en su vigilia. El arte es una cosa extraña ya que es el sueño que se sueña a si mismo como real. No importa si es práctico economicamente, no podemos dejar de soñar. ¿A caso no es práctico ejercitar el músculo de los sueños?

Una ciudad sin arte es un cuerpo que no sueña. Para eso está el Fútbol.


Acebuch.