Arte icónico y arte anicónico. La vuelta a la mirada sin concepto.
Antes de que Kandinsky diera el paso decisivo para dirigir a occidente hacia una mirada fuera de la imagen icónica, la mente humana ya conocía sistemas de representación que rechazaban la imposición de ideas e imágenes en la mente a través de la representación. El Islam prohibió la representación icónica por alguna razón. Más allá del mero hecho de no representar a Dios bajo ningún concepto ¿por qué se prohíbe la representación de imágenes tal y como la tradición egipcia, griega y romana nos tenía acostumbrados? Occidente, Europa fue incapaz de entender la dimensión real de un arte abstracto hasta entrado el siglo XX, como le costó entender la noción de cero hasta el siglo XV, y aún así aún no ha llegado a entenderse en toda su plenitud el por qué de la necesidad de romper los lazos con la tiranía de las imágenes, cosa que no se ha conseguido nunca. El cine es el mayor arte icónico de la historia de la humanidad y la música el mayor anicónico, ¿dónde reside la relevancia de uno y otro? o son meros azares del desarrollo humano. ¿No existe una función de dimensión perceptiva para cada uno de ellos o es simplemente una forma de expresionismo más?. Nos enfrentamos a caso, cuando se consigue salvar la explicación simple y reduccionista del arte como expresión, a una mirada de cómo se puede entender el universo y sus demiurgos. La expresión del dolor y el martirio cristiano sólo podía ser representado por imágenes icónicas, mientras que el universo mágico del Islam solo podía ser representado a través de la musicalidad de las geometrías y los ritmos desde donde el arte de la belleza necesitó del acto de prescindir del arte del adoctrinamiento con las imágenes, que tanto ha caracterizado siempre la pasión cristiana.
Una auténtica experiencia de la mística de los equilibrios, la sobriedad, la luz y el placer de las armonías se esconde en el arte islámico y por extensión en el arte abstracto no expresivo.
Acebuch. Marzo 2011
