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Para  que no haya dudas sobre estos nombres así de golpe, decir que Euclides es el famoso matemático y geómetra del 325 a.C. (B.C), Velazquez es el pintor del barroco español y Riemman el matemático alemán del siglo XIX inventor de la geometría no euclidiana o N dimensional.

Con Euclides nos introdujeron la memoria espacial de un mundo tridimensional completamente estable, donde dos rectas paralelas no se encuentran nunca y donde dado dos puntos sólo hay una línea recta que los atraviese, todo lo vemos en perspectiva renacentista. Con Riemman se supone que hay una inmensidad de dimensiones que no somos capaces de interpretar pues desde la escuela sólo nos enseñan aún el universo dimensional de Euclides, las dimensiones de Riemman sólo aptas para adultos muy instruidos; esta nos dice que se puede demostrar que dos paralelas se tocan y que por dos puntos pueden pasar (de hecho seguro que lo hacen) infinitas líneas, teniendo en cuenta que una línea recta en realidad no existe. Pero esto no es más que pura especulación, incluso si no acierto con lo de las líneas que pasan por dos puntos. Un espacio no es más que una dimensión donde el cerebro humano percibe su cosmos y casi me atrevería a decir que en adelante habrá nuevos matemáticos y geómetras que inventaran nuevos espacios dimensionales, (hacia el 2020 especulo). El espacio, conjeturaba Francesc Tagarí en su libro de “Conjeturas” no existe como tal sino como una capacidad humana de percibir el cosmos que nos rodea y este es en realidad una sopa repleta de partículas en densidades múltiples. Dicho de otra forma sería conveniente que nos enseñaran primero a saber enfocar la perspectiva con la que quisiéramos mirar, pues la mirada al infinito no es la única posibilidad de proyectar nuestro espacio en el cosmos denso.

Velázquez describió el cosmos que vemos en realidad, él es el primero, sin números, con la simple pastosidad pegajosa de la pintura al oleo. En él uno puede ver tanto el espacio euclidiano, como el rimmaniano. Un espacio que por supuesto para nada es velazquiano, es simplemente retiniano. Todos vemos lo mismo sólo cambia la perspectiva con la que nos han educado a mirar un universo sin centro.

Martín Sheego. 2018.

Etapa postdemócrata.

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